Un nuevo terrorismo sin Al Qaeda PDF  | Imprimir |  E-mail
dilluns, 08 gener de 2007
Le Monde │ Jean-Pierre Stroobants

ImageLas conclusiones de las investigaciones sobre los atentados que estremecieron Europa en 2004 y 2005 son, aparentemente, desconcertantes. En Madrid y Londres, los informes indican, con similar certidumbre, que la nebulosa de Osama Bin Laden desempeñó un papel menor, o ningún papel en absoluto, en la ejecución de los dos planes asesinos que apuntaron al Viejo Continente.

Ahora bien, para muchos, estos ciegos atentados de musulmanes radicales no podían sino ser dirigidos, financiados y legitimados por Al-Qaeda, en el marco de la "guerra santa contra los judíos y los cruzados".

A los ojos de numerosos expertos, no obstante, no hay más que temibles confirmaciones en estos informes - a veces provisionales. Los estrategas del contraterrorismo están convencidos de que Osama Bin Laden y Aymán Al-Zawahiri no perdieron por completo el contacto con su red planetaria - el Frente islámico mundial que anhelan desde 1998 - y que aún pueden, mediante un complejo sistema de encaminamiento, enviar mensajes a los hombres y a las organizaciones que tienen federados. ¿Se puede, no obstante, seguir hablando de un "mando unificado" que, anidado sobre un pico o en una gruta del Waziristán, controlaría las acciones de una red transnacional? No. Y, paradójicamente, esta realidad parece mucho más inquietante que la situación que prevalecía desde 2001.

El enfoque del fenómeno yihadista a partir de Al Qaeda, concebido como una "marca", una estructura global, tenía, extrañamente, un aspecto tranquilizador. Utilizada a voluntad, entre otras, por la administración americana, reducía la amenaza a una fuente única que, una vez agotada, implicaría la desaparición, por desecación, del conjunto del río. La idea que en Londres, Madrid, Ámsterdam - donde fue asesinado el cineasta "blasfemo" Theo Van Gogh, en 2003 -, grupos de contornos imprecisos, inscribiéndose en condiciones políticas y sociales determinadas, habrían actuado por iniciativa propia, es inquietante. Mucho más inquietante aún que aquella que confiaba a un centro neurálgico la concepción de una expedición punitiva a escala mundial.

El verdadero reto los próximos años será, para Europa en su conjunto, localizar y detener las "células" autónomas y huellas de aquello que Jean-Luc Marret (Les Fabriques du Djihad [Las Fábricas del Yihad], PUF, 2005) denomina un "romanticismo del Islam radical". Ellas no reciben ninguna consigna particular del exterior, son capaces de poner en práctica ataques poco costosos y resultan difícilmente localizables. Fundidas en el anonimato de los "poor districts", compuestas por miembros provenientes de horizontes muy diversos, ya no están ligadas, como fue el caso para las redes renovadas desde los atentados de 2001, a la coordinación transnacional de las "franquicias de Al Qaeda" – GICM marroquí, GSPC argelino, movimiento Takfir Wal Hijra, etc.

Diversos estudios sobre el yihadismo realizados desde 2001 pusieron en relieve una extensa panoplia de protagonistas y motivaciones. Los grupos radicales potencialmente violentos están compuestos tanto por inmigrantes de segunda y tercera generación como por jóvenes conversos. Aún se encuentra una mayoría de personas provenientes de las clases medias pero son alcanzados por los pobres y los excluidos. En distintos suburbios, se advierte el avance de las ideas islámicas en el seno de grupos a priori poco receptivos para un mensaje religioso de este tipo: Indios, Chinos o Negros.

Todos interpretan el 11 de septiembre de 2001 como una venganza contra la humillación que experimentan en su vida diaria. Para quienes pertenecían, al principio, a la fe musulmana, Bin Laden y sus sargentos limpiaron a los fieles de un sentimiento de vergüenza, nacido de la ausencia de respuesta ante los "ataques" del mundo occidental. Farhad Khosrokhavar sintetiza en su libro Quand Al-Qaida parle [Cuando Al Qaeda habla] (Grasset, 422 p.) esta fuerza actual del yihadismo: "personas muy distintas, de trayectorias personales completamente heterogéneas, viviendo en las cuatro esquinas del mundo y sin tener ni átomos compartidos ni una cultura común, pueden afiliarse a las redes debido a su odio hacia Occidente y el sentimiento de ser agredidos por él."

"ARMA CONTRA "LOS HEREJES"

La prisión desempeña un papel de catalizador. Es un lugar de adoctrinamiento, plegaria y conversión, donde quienes son sospechosos o condenados por actos terroristas son investidos por una aureola de gloria. Al amparo de un mensaje positivo - atraer jóvenes al "camino recto" -, los predicadores esparcen una mensaje extremista que encuentra eco en individuos sin raíces y sin rumbo. La Yihad les aparece, en última instancia, no sólo como un medio de "redención" sino también como una posibilidad de salir del anonimato, de la mediocridad. El Islam radical ofrece una posibilidad de venganza sobre "la sociedad", estructura - imaginario - azuzada a obtener la derrota de la comunidad musulmana (La Umma) en su conjunto.

Que un líder carismático, un "facilitador" y/o una red relativamente estructurada se apodere, a la salida de prisión, de estas personas y ellos pronto habrán logrado convencerlos de que el recurso a la violencia es un medio legítimo para "castigar" el enemigo. Jean-Luc Marret destaca que tales células locales, "que aparecerán a través del mundo, durante numerosos años más", con seguridad estarán vinculadas cada vez menos a las organizaciones arraigadas, o incluso a Al Qaeda. Ellas podrían realizar acciones violentas cuando lo consideran legítimo, sin coordinación exterior y sin involucrarse en una campaña a gran escala.

Pequeños grupos unidos por amistad o vínculos familiares, captados a la nebulosa yihadista por medio de Internet e impregnados de un mensaje religioso que no es solamente un pretexto, estas nuevas estructuras resultan tanto más amenazadoras al sentirse investidas de una misión de solidaridad. Arma contra "los herejes", el terrorismo es también un medio destinado a castigar a quienes apoyan la represión contra los Palestinos, los Afganos o los Chechenos. La universalización de la información, que induce a un joven rebelde de Europa a interiorizar, en tiempo real, el sufrimiento de su "hermano", en guerra contra el Occidente y en favor el Islam, parece ser otro hecho principal, destaca Farhad Khosrokhavar.

El nacimiento de un "terrorismo autóctono" reduce a Al Qaeda a un papel de mito, de aval ideológico. Temible para Europa, el fenómeno resulta especialmente amenazador para la minoría musulmana que habita allí. En su gran mayoría distante de concepciones extremistas, ella podría ser la primera víctima de la exacerbación de tensiones que se manifiesta en distintos puntos.

Jean-Pierre Stroobants

Artículo publicado en la edición del 19.04.06 del diario Le Monde.

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