Tarragona: 148 años vigilando la ciudad PDF  | Imprimir |  E-mail
diumenge, 11 desembre de 2005
Àngel Juanpere |

El 11 de diciembre de 1857, a las seis y media de la tarde, se reunía en sesión plenaria el Ayuntamiento de Tarragona, presidido por el alcalde Juan Cabeza, para aprobar el reglamento de la Guardia Municipal, que comenzó a funcionar el 1 de enero de 1858. Hasta la fecha, los encargados de dar seguridad eran los serenos y los alcaldes de barrios, según Xavi Virgili, agente de la Guàrdia Urbana de Tarragona, además de licenciado en Historia y doctor en Antropologia Urbana.

La primera promoción

La vigilancia de día estaba formada por un jefe, ocho guardias y nueve serenos (entre ellos un aventajado, que era el responsable del grupo). Todos se tenían que costear el uniforme diario, mientras que el de gala era pagado por el Ayuntamiento. El armamento consistía de día en un sable en circunstancias normales, y en casos graves también llevaban una carabina. Los serenos portaban un sable y pistolas, además de un farol, el pito -para los toques de auxilio- y el chuzo -el bastón-. Entre las funciones que tenían los guardias se hallaban prender a los ladrones y malhechores

Gamberrismo y mendicidad

Los mandatarios de aquella época tenían también obsesión por el gamberrismo -las canalladas existían a diario- y la mendicidad, «porque no era sinónimo de progreso», recuerda Virgili. En aquella época, las mujeres eran ridiculizadas. Como muestra, esta gacetilla publicada el 24 de febrero de 1861: «Hizo muy bien. Un guardia municipal impuso ayer una multa a dos mujeres que escandalizaron cierta calle con sus desaforados gritos, enterando a los viandantes de lo que nada les importaba. Entre otras lindeces se dijeron feas. He aquí establecido un odio irreconciliable entre las dos individuas del sexo débil». Y el 20 de enero de 1875, se publicaba: «En la mañana de ayer los vecinos de la calle de la Unión presenciaron el divertido aunque ridículo espectáculo de una riña entre tres mujeres que se arañaron lastimosamente y se zurraron de lo lindo».

El cambio de principios del XX

El gran cambio se dio en 1909 con una refundación del cuerpo, que se pasa a denominar Guardia Urbana. En aquella época constaba de un jefe, un subjefe, dos cabos y catorce individuos, distribuidos en dos secciones, que prestaban servicio por turnos de cuatro horas. El uniforme de invierno constaba de casco negro con el escudo de la ciudad, levita, pantalón y capa de paño azul y cinturón blanco, del cual colgaba una cartera de charol. El de verano consistía en casco blanco, levita de alpaca azul y pantalón blanco. Al no ser un instituto armado, los agentes sólo llevaban bastón como distintivo de autoridad. Varios guardias acudieron incluso a clases de esperanto con vistas al congreso de esta lengua que se celebró al año siguiente en la ciudad.

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