No es un inmigrante, es un policía PDF  | Imprimir |  E-mail
diumenge, 06 novembre de 2005
El Mundo │ Madrid

ImageDe izq. a dcha., Pedro Statera Stuart, policía municipal de Madrid nacido en Bombay; Soraya Beni Mohssen El Kajar, mosso d'Esquadra de padres marroquíes, y Roxana Armijo, policía nacional nacida en El Salvador.

Slawek es un tío satisfecho. A sus 22 años, 19 después de que sus padres se afincaran en España, seis después de obtener la nacionalidad y nueve meses más tarde de llegar a Baeza (Jaén), está a punto de lograrlo. Si nada se tuerce, y nada tiene por qué torcerse, en 15 días recibirá su despacho. Unas semanas de descanso y a finales de junio ya estará incorporándose a su primer destino como guardia civil en prácticas. Alto, ojos claros, cabello corto, perilla recortada y los hombros anchos del aficionado a levantar pesas, habla perfectamente castellano, eso sí, con un acento más asturiano que la sidra. Cualquiera diría oyéndole que, en realidad, nació a casi 4.000 kilómetros del Principado, en la localidad polaca de Wroclaw.

Ciertamente, un lugar de origen poco habitual para un guardia civil. Tan poco habitual como Bombay o Sonsonate, en El Salvador...

Lenta, muy lenta, pero inexorablemente la segunda generación de inmigrantes se está incorporando a las fuerzas de seguridad.Aún son pocos y, a menudo, dadas las unidades a las que se les envía, poco visibles, pero el número crece mientras se les recibe como agua de un mayo seco, seco como éste.

Además de castellano, Slawek N. J. -no quiere dar sus apellidos ni dejarse fotografiar- habla polaco, ha viajado al país casi todos los veranos de su vida y entiende checo e incluso algo de ruso. Una joyita en según qué destinos.

«Aún no sé qué me gustaría hacer en la Guardia Civil. Es algo que tengo que pensar. No sé, te dicen Información... cosas así».

¡Bingo! Porque el perfil de Slawek, que antes había trabajado de peón de albañil y de camionero, le convierte en idóneo para unidades de paisano como Información o Policía Judicial. El requisito de la nacionalidad para ingresar en cualquier cuerpo policial hace que sean pocos los agentes de origen extranjero y que resulte muy difícil para las fuerzas de seguridad penetrar en ciertos ambientes.

El caso del enigmático policía de origen sirio Maussili Kalaji, en cuya tienda se liberaron los móviles empleados en las mochilas bombas del 11-M y cuya colaboración fue esencial para dar con los suicidas del comando Leganés, ha demostrado esta semana lo resbaladizos que frecuentemente resultan estos terrenos.

En realidad, el 11-M sacó a la luz algunas carencias. Apenas dos meses después de los atentados, un recién nombrado ministro de Interior José Antonio Alonso comparecía ante la comisión de Interior del Congreso de los Diputados. Con las heridas de los atentados bien abiertas, el ministro anunció, entre otras medidas, que se potenciaría la captación de agentes de origen árabe.

Un año después, el Ministerio no facilita cifras, pero se ha pedido a los examinadores que el conocimiento de idiomas y las creencias religiosas o culturales sean tenidas en cuenta en los procesos de selección (5.500 plazas para la Policía Nacional y 3.500 para la Guardia Civil).

CHINO EN LA BENEMÉRITA

Aunque no hay estadísticas, algunos datos parciales ofrecen una aproximación. De los más de 6.200 agentes de la Policía Municipal de Madrid, por ejemplo, se estima que apenas 50 (un 0,8%) son de origen extranjero. De los 1.402 alumnos que en junio saldrán de la Escuela de Policía de Cataluña para formar parte de los Mossos d'Esquadra, sólo hay cuatro, todos de origen magrebí.Un 0,28%. Cuando Slawek esté recibiendo su despacho entre los 2.780 compañeros de la 110ª promoción de la Guardia Civil, sólo le rodearán 47 nacidos en el extranjero, entre ellos uno de origen chino -el primero en la Benemérita-, pero también varios hijos de emigrantes españoles. Un 1,3%, en el mejor de los casos.El 0,8%, el 0,28%, el 1,3%... Porcentajes alejados del 8,4% de extranjeros empadronados, pero mayores que los de hace 10 años, cuando en algunos cuerpos no había ninguno.

Nacida en Barcelona hace 31 años, Soraya recoge su melena rubia en una coleta. Sorprende el detalle, a qué negarlo, cuando a uno le han dicho que va a entrevistar a Soraya Beni Mohssen El Kajal, hija mayor de una pareja marroquí que llegó a España a finales de los 60. Soraya es mosso d'Esquadra desde hace tres años. «Estuve en Información, unos seis meses. Luego pasé a seguridad ciudadana». Hoy va de uniforme y patrulla por las calles de Badalona, en Barcelona.

«No se trata sólo de que vayan a las unidades de Información o a barrios donde hay más inmigración», explica Rosa Negre, una compañera de Soraya empeñada desde hace cinco años en acercar a los inmigrantes a las comisarías. «Se trata de que hagan las mismas funciones. La policía tiene que ser un reflejo de la sociedad.Sería un indicador de normalidad».

Pero el camino es largo. En 10 años de servicio en la Policía Municipal de Madrid, Pedro Statera Stuart no ha conocido a ningún otro compañero de origen extranjero.

Su padre es italiano de ascendencia española. Su madre, hija de un escocés y una india. Él nació en Bombay y llegó a España a los seis años. En una década en el cuerpo, su conocimiento de idiomas le ha servido para atender durante un vahído en Barajas a la mujer del embajador inglés o para fines más prosaicos como levantar el chiringuito de un vendedor callejero.

«No es que sepa mucho hindi», comenta, «pero cosas del tipo de "¿Cómo te llamas?", "¿Qué haces aquí?", "Venga, vete"... se las dices y se quedan con la boca abierta».

La promoción de una imagen de la policía más cercana es la otra cara de la incorporación de agentes de origen foráneo. En sus charlas con colectivos inmigrantes, Negre, siempre de uniforme, trata de que quienes la escuchan le pierdan el miedo a la policía.En alguna ocasión ha llegado a invitar a inmigrantes a presentarse a las oposiciones a mosso.

«Pero por el tema de la nacionalidad se pierde una oportunidad de oro...», se lamenta Negre. Requisito imprescindible que algunos empiezan a cuestionar, la nacionalidad impide el acceso a cuerpos policiales de miles de inmigrantes. La presencia de extranjeros en el Ejército y en la seguridad privada dan una idea. Entre 1975 y 2003 sólo han obtenido la nacionalidad 210.000 personas.

Precisamente tramitando nacionalidades en la comisaría del Puente de Vallecas, en Madrid, trabaja Roxana Armijo, 33 años y nacida en Sonsonate, a 60 kilómetros de San Salvador. Se bajó del coche patrulla para hacer trabajo de oficina cuando supo que espera un bebé, hace meses. Está casada con un policía nacional y obtuvo el pasaporte español en diciembre de 1997. Ingresó en la Academia de Policía de Avila cinco años después. «Alguna vez», asegura acentuando con una medio sonrisa sus rasgos exóticos, «gente que viene a tramitar la nacionalidad se sorprende al verme y me pregunta qué hay que hacer para ser policía».

La tarea, sin embargo, está aún lejos de quedar concluida.

Algete, provincia de Madrid, 24 de enero de 2005. El Ayuntamiento de la localidad (19.187 habitantes) va a ampliar la policía local en 23 plazas. Interesados en captar mujeres e inmigrantes de segunda generación, organizan un curso gratuito para preparar la oposición. Mandan decenas de mensajes a colectivos inmigrantes de la región. El día que se presenta el curso hay 20 personas.Seis mujeres; ningún inmigrante.
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