Policía malo, policía bueno PDF  | Imprimir |  E-mail
diumenge, 06 novembre de 2005
La Vanguardia │ Lluís Uría, Paris

ImageLa izquierda atribuye la crisis al abandono de la policía de proximidad, un modelo que Sarkozy califica de "hemipléjico". La policía no está para organizar torneos deportivos, sino para detener a los delincuentes, vosotros no sois trabajadores sociales". Con esta frase,  el ministro del Interior, Nicolas Sarkozy, enterró de facto el experimento de la denominada policía de proximidad iniciado en 1998.

Muchas voces, sobre todo desde la izquierda - particularmente, del Partido Socialista-, pero también autoridades locales e incluso sindicatos policiales, recuerdan hoy a Sarkozy aquella controvertida decisión, a la que achacan en gran parte la ola de violencia desatada en los barrios periféricos en los últimos diez días. Sarkozy no suprimió formalmente la policía de proximidad, pero la dejó jibarizada, al reasignar buena parte de sus efectivos a las brigadas anticriminalidad. Los partidarios del mantenimiento de la policía de barrio, con un carácter más preventivo que represivo, consideran que su abandono ha propiciado una relación conflictiva entre la policía y los habitantes de los barrios, lo que en su opinión estaría detrás de la violenta reacción suscitada por la muerte de los dos adolescentes de Clichy-sous-Bois, electrocutados al refugiarse en un transformador huyendo de un control policial.

Jean-Pierre Chevènement lamentaba días atrás este cambio de política, que a su juicio ha tenido consecuencias negativas. La policía de proximidad "tenía como objetivo modificar las relaciones entre la policía y la población, pero se desmanteló demasiado rápido, vaciándola de contenido", se quejaba el ex ministro, quien criticó el hecho de que "se ha dado prioridad a la intervención musculada sobre la acción cotidiana de prevención, de disuasión y de represión".

Una opinión similar expresa el delegado general del  Forum Francés para la Seguridad
Urbana (FFSU), Michel Marcus, quien el viernes señalaba que la ola de violencia en la banlieue se debe más a la existencia de una "auténtica crisis" en las relaciones entre la policía y la población de los barrios que a la expresión de un malestar más general. "La policía es el único servicio público inadaptado a estos barrios sensibles. Hay un problema de métodos de intervención, de desplazamiento únicamente en coches, de controles de identidad abusivos...", apuntaba.

Ciertamente, este malestar transpira en muchas de las declaraciones recogidas estos días en los medios de comunicación entre los habitantes, especialmente los jóvenes, de los barrios del extrarradio. Desde luego, el trato del policía de barrio, con quien se podía acabar estableciendo algún tipo de complicidad, tiene muy poco que ver con el de los agentes que intervienen puntualmente, sin conocer nada ni a nadie, en acciones generalmente de carácter represivo. La reciente decisión de desplegar 17 compañías de antidisturbios (CRS) y siete unidades especiales de la Gendarmería en otros tantos barrios difíciles no parece que vaya a generar, pues, mayores simpatías.

Nicolas Sarkozy, lejos de amilanarse, defiende firmemente su política de tolerancia cero y considera un error grave andarse con paños calientes. Ayer respondió a las críticas a través de una tribuna publicada en el vespertino Le Monde.El título mismo era una contundente declaración de principios: "Nuestra estrategia es la buena".

El ministro del Interior sostiene, efectivamente, en su artículo que la estrategia aplicada por el Gobierno en los últimos cuatro años es la buena. "La defiendo hoy más que ayer", subraya, para desacreditar a continuación - por "angelical y calamitosa"- la política de seguridad aplicada con anterioridad por los ejecutivos socialistas. Sarkozy recuerda en este punto que en el año 2002 se contabilizaron 4,1 millones de delitos, mientras que dos años después se habían reducido a 3,8 millones (una caída del 8%). Con sus críticas a la política actual, sostiene Sarkozy, "los socialistas persisten en el error".

"No abandonaremos la vía de la eficacia y el pragmatismo, que es la nuestra, para seguir su concepción hemipléjica de la policía de proximidad, que no era otra cosa, de hecho, que el laxismo y la debilidad disfrazados", afirma con rotundidad, añadiendo a continuación: "Yo estoy a favor de la policía de proximidad (...), pero la policía de proximidad no se puede construir en detrimento de la policía de investigación y de detención". No hay, pues, marcha atrás.

De acuerdo con la política de firmeza que defiende, el controvertido ministro del Interior - puesto en la picota estos días precisamente por su belicoso lenguaje- asegura que devolverá "el orden y la tranquilidad a estos territorios desde hace mucho tiempo dejados en el abandono".
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