Coordinar los servicios policiales requiere establecer reglas de juego claras PDF  | Imprimir |  E-mail
dijous, 22 abril de 2004
LA VANGUARDIA

FLORENCIO DOMÍNGUEZ - 22/04/2004

El coordinador Víctor García Hidalgo, parlamentario socialista vasco, ex gobernador civil de Álava, va a ser nombrado el primer mando conjunto del Cuerpo Nacional de Policía y de la Guardia Civil con el objetivo principal de coordinar las actividades de ambas fuerzas de seguridad, en especial las relacionadas con la lucha antiterrorista. García, que ha desempeñado con competencia sus anteriores cargos públicos, tiene un perfil de persona discreta, con gran sentido común, que le hace adecuado para el nuevo puesto.

A falta de que el Gobierno precise con claridad las competencias y funciones del puesto de García Hidalgo, si sus atribuciones consisten en la suma de las que tenían asignados los anteriores directores generales, el nuevo coordinador tendrá que dirigir dos organismos que emplean a casi sesenta mil personas. Necesitaría mucho esfuerzo para no verse atrapado por las tareas de gestión cotidiana de una empresa de semejantes dimensiones. Si, tal como se ha anunciado, sus funciones consisten sobre todo en asegurar la coordinación de la actividad policial de los dos cuerpos, al margen de que éstos tengan sendos directores para gestionar el día a día, hay que preguntarse cuál va a ser el contenido de las atribuciones del secretario de Estado para la Seguridad, al que hasta ahora le correspondían esas actividades.

Existe riesgo de que se produzca un solapamiento entre las dos figuras, la del coordinador y la del secretario de Estado, por mucho que una esté supeditada a la otra. La figura del coordinador ejercería el grueso de las competencias que han sido características de la Secretaría de Estado, por lo que no se ve clara esa duplicidad. El número dos de Interior quedaría reducido en sus funciones, perdiendo el control directo de sus más importantes responsabilidades.

Tradicionalmente, el responsable de la Seguridad del Estado ha ejercido un mando directo sobre los servicios de información, encargados de la lucha antiterrorista, tanto de la Policía como de la Guardia Civil. Los responsables de estos servicios en ambos cuerpos despachan a diario con el secretario de Estado y tienen con él mucha más relación que con su respectivo director general.

Al margen de estos problemas de estructura, que transmiten una cierta sensación de improvisación, la coordinación de los servicios policiales requiere el establecimiento de unas reglas de juego claras, que sean conocidas de antemano por cada cuerpo, para ser aplicadas en los casos en los que se produzcan interferencias. Es necesario también que policías y guardias civiles tengan informado al mando político de la trayectoria de sus pesquisas para que éste, en caso de conflicto competencial, resuelva quién debe seguir con las investigaciones y quién ha de retirarse de acuerdo con las normas establecidas previamente. La decisión no es fácil porque no suelen ser posibles medidas salomónicas y siempre hay alguien que se cree perjudicado.

A menudo, los conflictos se han enconado porque el responsable político de turno no ha sido capaz de tomar una decisión determinante y hacer que se cumpliera a rajatabla para no malquistarse con ninguno de los cuerpos. Pero eso forma parte de su trabajo.


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