Opinión: Sospechosos por el color del pelo PDF  | Imprimir |  E-mail
dilluns, 26 abril de 2004
Noticia publicada en la página 005 de la edición de Lunes, 26 de abril de 2004 de El Periódico - edición impresa.

JOSEP Pernau

Estados Unidos impuso el modelo de que el buen norteamericano tenía que ser rubio. Tal preferencia se ha extendido por el mundo y más tranquilo estará en todo el orbe el que luzca el cabello rubio que no el que lo tenga negro y, encima, ensortijado.

Frente a la psicosis antiterrorista hacia los islamistas radicales, un rubio es inocente mientras no se demuestre lo contrario. En cambio, la persona de pelo negro y rizado, es, como mínimo, presuntamente culpable. Es la islamofobia, extendida por todo el universo, que han podido comprobar las personas viajadas. En muchas zonas, ser extranjero y moreno ya es motivo de sospecha. Pero el problema adopta especiales características en España. Ha quedado demostrado después de los controles policiales establecidos en el metro de Madrid por las matanzas del 11-M. Los árabes estuvieron ocho siglos en la península ibérica y era inevitable que dejaran genes de rasgos fisonómicos propios de los moros de la Morería. La reina Isabel, alias la Católica, dejó que los que presentaban aquel aspecto, si eran cristianos, se quedaran en su reino y no tuvieran que irse con Boabdil. En cambio, ahora, al cabo de más de cinco siglos, a sus descendientes les paran en el metro y resultan especialmente sospechosos, si además del pelo y el color de la piel oscuros, cargan una mochila en su espalda.

De nada sirve en estos casos que se haya perdido todo recuerdo de si hubo entre sus antepasados alguno que practicara la doctrina del islam. Aunque los hubiera de recientes tampoco les podrían acusar de nada, porque las religiones no delinquen. Pero en las pesquisas basadas en las apariencias se pueden complicar mucho las cosas. Al paso que vamos, los agentes acabarán pidiendo el certificado de cristiano viejo.


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