CSI "Made in Spain" PDF  | Imprimir |  E-mail
dilluns, 07 juny de 2004
OLALLA CERNUDA

MADRID.-

Su trabajo era prácticamente desconocido hasta que una serie televisiva estadounidense, 'CSI', y ahora un videojuego, los sacó de las cavernas. Son los policías científicos, que han cambiado la lupa de Sherlock Holmes por avanzadísismos sistemas informáticos, biológicos y genéticos que les permiten resolver casi cualquier crimen. Su forma de trabajar es muy similar a la de los chicos de Grisshom en la serie, a la que sólo le ponen un pero: “los crímenes no se resuelven en 24 horas”.

Estos policías de bata blanca han sustituido la pistola reglamentaria por guantes de látex, bastoncillos de algodón, pinzas y una paciencia infinita. Aquí, en las instalaciones de la Policía Científica de Madrid, trabajan biológos, químicos, odontólogos, arqueólogos… cualquier profesioón que pueda estar ayudar a poner nombre a un puñado de huesos, o la cara a un asesino.
“Nuestro trabajo es muy similar al que se ve en la serie. Sólo hay dos diferencias –recalcan-: el tiempo que se tarda en resolver un crimen, que pueden ser semanas o meses, y que nosotros no vamos por ahí deteniendo a los sospechosos ni participando en los interrogatorios. Eso sólo lo hacen en la tele”, dicen.

Los policías que trabajan en estos cometidos, por lo general, casi nunca se ven cara a cara con los delincuentes; ni siquiera saben quiénes son. Lo suyo son las pequeñas muestras, esos rastros casi invisibles dejados incosncientemente por los que están al otro lado de la raya de la ley.

El cometido de estos funcionarios de policía es, sin moverse de sus mesas de laboratorio, sacar los indicios criminalísticos a la luz y aportarlos a quienes llevan la investigación de los casos, a "pie de obra".

Pero es verdad que los impresionantes medios técnicos que aparecen episodio tras episodio en la televisión no son sólo cosa de la ficción. En Madrid, por ejemplo, los maletines de los agentes de dactiloscopia (los encargados de buscar huellas dactilares) también tienen toda clase de polvos y sprays. Y también aquí los agentes cuentan con la imprescindible ayuda del luminol, ese líquido químico fluorescente que reacciona con el hierro de la hemoglobina, señalando las trazas invisibles al ojo humano de la sangre.

Aquí, en estas oficinas donde trabajan unos 250 especialistas también hay un laboratorio de balística, un depósito de armas de todos los tipos, salas de acústica forense, de documentoscopia, de ADN… cuatro pisos de un edificio donde, a diferencia de las dependencias de Grishom y sus chicos en las Vegas, entra la luz por decenas de enormes ventanales.

Uno de los laboratorios mejor equipados es el de balística, que cuenta con varios microscopios para comprobar las marcas de los casquillos (que se archivan en una base de datos llamada IBIS) que determinan si un arma ha sido utilizada en un crimen o no. Aquí también hay una especie de museo con más de 2.400 armas de todo tipo para poder hacer las comparaciones: desde el último modelo de ametralladora salido del mercado ruso hasta pistolas hechas con métodos rudimentarios por presos en alguna cárcel española.

Una de las estrellas del cuerpo es el laboratorio de Biología-ADN, que es capaz de poner nombre a una muestra genética en una semana aproximadamente, unas pruebas que han resultado fundamentales para resolver casos como el del asesinato de Sonia Carabanets y Rocio Wanninkhof.

La otra estrella tiene mucho que ver con la informática: se llama SAID, y es una gigantesca base de datos que alberga más de un millón de huellas dactilares, tanto de delincuentes identificados como de huellas sin identificar pero que están presentes en escenas de crímenes.

Una diferencia entre la comisaría de la policía científica de Madrid y la de los chicos de Grishom es que aquí no se realizan las autopsias de los cadáveres, sino que sólo se almacenan algunos restos óseos pendientes de identificar, y en algunos casos se conservan (en unos pequeños botes llenos de una composición amónica) los dedos índices de cadáveres sin nombre y con las huellas muy dañadas por la momificación, que tratan de recomponer desde estos laboratorios.

Sólo en España, y gracias a la inestimable ayuda de la tecnología y la paciencia, la policía científica investiga unos 25.000 crímenes al año. De los 700 casos de asesinato que pasaron por sus manos en el año 2001, esclarecieron más del 90% de ellos. “Las pruebas no mienten”. Ya lo dice Grisshom.


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