Del caqui al azul celeste PDF  | Imprimir |  E-mail
dilluns, 20 setembre de 2004
El Periódico - 20/09/04

• El mosso Pedro Castrejón, hijo y nieto de guardia civil, cambió de cuerpo en busca de un mejor futuro profesional

• Hoy es cabo de tráfico, un destino que le encanta



En la carretera Pedro Castrejón, junto a una compañera de los Mossos, en un control en Sabadell. Foto: JOSEP GARCÍA. El Periódico

J. C.
BARCELONA

Pedro Castrejón Martínez, de 31 años, ha crecido en la casa cuartel de Ripoll. De niño jugaba en el patio mientras los mayores desfilaban, incluido su padre. La música preferida era el himno del cuerpo: "Instituto, gloria a ti,/ por tu honor quiero vivir./ Viva España, Viva el Rey,/ Viva el orden y la ley,/ Viva honrada la Guardia Civil".

"Soy hijo del cuerpo", admite con una gran naturalidad. Su vida ha girado en torno a la música militar y al mundo policial. Su padre es hoy un respetado comandante en la Zona de la Guardia Civil de Barcelona. Un hombre que le inculcó la "disciplina y respeto" que a su vez le enseñó su padre, el abuelo de Pedro, que fue el primer agente Castrejón. Su familia ha aportado más a la Guardia Civil que el mismísimo duque de Ahumada, su fundador.
"Je, je... Pero los tiempos cambian. Si quería seguir con esos principios tenía que cambiar de cuerpo y hacerme mosso, como así hice en noviembre del 2000", afirma. La noticia causó cierta perplejidad en la familia, pero enseguida cerró filas en torno a Pedro. El guardia ya era cabo de tráfico en Badia, desde donde controlaba el Vallès Occidental. "Antes estuve de Guardia en el Palacio Real de Madrid y, luego, en la unidad de montaña del Grupo Rural de Seguridad. Trabajé en el Pirineo contra el contrabando, especialmente de tabaco", recuerda con orgullo.

Pasito atrás

Ya era cabo cuando decidió cambiar de cuerpo. Perdía las dos cosas más apreciadas de su profesión: la categoría y el destino. Y se puso a estudiar catalán para saber escribirlo. Siempre lo ha hablado. En noviembre del 2000 dejó de ser cabo de la guardia civil para convertirse en agente pelado de los Mossos. Pero desde hace un año, ya es cabo de tráfico y en la zona de Badia, su destino preferido.

"¿Diferencias? Casi ninguna --subraya--. Bueno, sí. Hoy tengo muchas más expectativas de promoción y de especialización, porque estoy en un cuerpo policial nuevo, emergente. Tenemos más medios materiales. Antes llevaba una moto BMW R-80 y ahora una R-850, y así todo. Pero lo mejor es la gente. La ilusión que tiene todo el mundo aquí y lo bien que me han recibido. Lamento decirlo, pero en la Guardia Civil había ya cierto desánimo. Los compañeros no tenían la mentalidad de prosperar, sino la de replegarse y marcharse".

Por su experiencia, no tiene dudas en recomendar el cambio de cuerpo. "Es la misma faena, pero la gente está más implicada en lo que hace", insiste. Y tiene anécdotas para escribir un libro. La más frecuente se refiere a la reacción de algunos conductores a los que para y sanciona. "Esto con la Guardia Civil no pasaba", dice que le reprochan. "Alguna vez me dan ganas de contestar: 'Mire, si el guardia civil era yo. Sólo que ahora voy de azul y hablo en catalán'".

Es la frase preferida por los conductores que quieren vengarse. Es la manera más corriente de tratar de fastidiar al mosso que les multa. Pese a esos casos --contadísimos--, Pedro lo que ha notado "es un gran respeto" por los Mossos. Y vaticina: "Eso irá a más si somos humildes y trabajamos con profesionalidad. El color del uniforme es un cuento".

Noticia publicada en la página 003 de la edición de Lunes, 20 de septiembre de 2004 de El Periódico


< Anterior   Següent >
webpolicial » Inici arrow Funció pública i Seg. laboral arrow Del caqui al azul celeste
Go to top of page