La proliferación de sistemas de alerta multiplica el trabajo de la policía PDF  | Imprimir |  E-mail
dijous, 19 agost de 2004


La Vanguardia - LUIS IZQUIERDO - 19/08/2004
madrid. – Cada vez son más los españoles que temen el robo en sus domicilios o negocios. Tantos que el año finalizará con cerca de un millón de inmuebles dotados de sistemas de alarma contectados con centrales de empresas de seguridad. A finales del año pasado había instaladas 870.000 de estas alarmas, por lo que, teniendo en cuenta la evolución del sector en los últimos ejercicios y realizando una proyección moderada, cuando finalice este año serán alrededor del millón.

Pero esta importante evolución del sector también está generando algunos efectos secundarios adversos. El 98% de los más de un millón de avisos de alarma que las empresas de seguridad envían cada año a la policía son falsos. No responden a ningún peligro cierto en las viviendas o empresas donde están instalados los sistemas y provocan desplazamientos policiales inútiles para comprobar la llamada que denuncia la presencia de algún intruso. Lo demuestran los datos de la propia policía, que en el 2003 recibió 1.000.040 llamadas denunciando la posible entrada de alguien en un domicilio o comercio por parte de estas empresas y de las cuales menos del 2% resultaron ser ciertas, según expuso en los Cursos de Verano de la Universidad de Málaga el asesor del Sindicato Unificado de Policía Pedro Pacheco.

De lo expuesto se concluye que este tipo de servicios y su deficiente funcionamiento están causando un considerable perjuicio a la policía, pues la mitad de los efectivos que patrullan dedican la mayor parte de su tiempo a comprobar este tipo de avisos de empresas de seguridad, la inmensa mayoría de los cuales son una pérdida de tiempo y una molestia para agentes y empresas. Pero lo peor de todo es que, si la tendencia no se detiene, este tipo de comprobaciones ocupará cada vez a más agentes, que se convertirán de esta forma en una policía principalmente al servicio de quien puede pagarse una alarma.

“O se articulan medidas que disminuyan esta sangría de medios de la seguridad ciudadana, endureciendo el sistema de sanciones e imputando la responsabilidad de las instalaciones y conexiones a las empresas del ramo, o las dotaciones policiales no prestarán otros servicios” más que la comprobación de llamadas de alarmas, expone Pacheco, anticipando la evolución del fenómeno a corto plazo.

Y es que, según un estudio realizado por la policía en Madrid, el 50% de las falsas alarmas que llegaron hasta la sala del 091 de la capital en 10 meses del año 2002 fueron imputables a fallos en la instalación, a una manipulación inadecuada del sistema o a causas similares. Errores que, no obstante, no permitieron al personal de seguridad responsable de la gestión de la central receptora detectar que se trataba de falsas alertas y que provocaron un desplazamiento innecesario de un coche patrulla.

Rafael Saldaña, responsable del sector de seguridad privada de UGT, confirmó la existencia de esta realidad que, si bien causa problemas a la policía, perjudica especialmente a la Guardia Civil, que normalmente lleva a cabo desplazamientos más largos para comprobar las alertas por ser la suya una demarcación más amplia. “Aunque policías y empresas son conscientes del problema, todavía no se han encontrado fórmulas para solucionarlo”, admitió Saldaña, para quien la situación “se les está escapando de las manos” debido al incesante incremento en la instalación de alarmas.

Existen una serie de normas que, ante la reiteración de llamadas falsas de un mismo domicilio, obligan a las compañías a desconectarlo, pero la realidad es que esta medida se aplica en contadas ocasiones.

Además, la policía no puede negarse nunca a acudir a una llamada de auxilio, la realice un particular o una empresa de seguridad. Aunque sea la cuarta de un mismo lugar en la misma semana, porque nunca se sabe cuándo va a ser necesaria la actuación policial. Y la instalación de estos equipos en viviendas parece un proceso imparable. En muchas nuevas construcciones la alarma viene ya preinstalada, por lo que no supone ninguna inversión inicial para el nuevo propietario.

Además, los asaltos a viviendas con sus moradores dentro y trágico desenlace que de vez en cuando salpican las páginas de los diarios y amplifican los medios audiovisuales empujan considerablemente la venta de nuevos sistemas. Es habitual ver en los días posteriores a algún crimen especialmente sonado la visita de algunos comerciales del sector en los alrededores de la vivienda asaltada. Y, por cierto, en general con un puñado de contratos en sus carteras.

Abaratamiento de la instalación

Ese tremendo salto en la demanda de estos servicios es precisamente lo que ha posibilitado el abaratamiento de los mismos. Las empresas han reducido el coste de instalación a precios que ahora oscilan entre los 200 y 400 euros, según la compañía suministradora, y prestan el servicio mensual por importes equiparables a los de los recibos del agua o de la electricidad.

La colocación de alarmas es el área del sector de la seguridad privada que ha vivido una mayor expansión en los últimos años. La facturación crece a ritmos superiores al 30% desde 1999, frente al 10% conjunto del sector experimentado en el 2002 respecto al año anterior, según los datos recogidos por la Asociación Profesional de Compañías Privadas de Seguridad (Aproser). Además, es el subsector que atrae a más empresas, pues existen 715 de instalación y mantenimiento de equipos y 166 de centrales de alarmas –881 en total– por 316 de vigilancia.

Estadísticas en mano, la evolución que está experimentando la delincuencia no justifica esta expansión de los medios de protección. Salvo excepciones estadísticamente discutibles, como la del año 2001, el resto de los ejercicios los delitos se incrementaron por debajo del 5%. A pesar de ello, es incontestable que la inseguridad ciudadana es una de las principales preocupaciones de los españoles. En las encuestas periódicas del CIS este asunto ocupa unas veces el tercer puesto y otras el cuarto entre los problemas más acuciantes para la población. El paro y el terrorismo son invariablemente los que ocupan las dos primeras posiciones.
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