Alternativas a perder un ojo PDF  | Imprimir |  E-mail
diumenge, 31 març de 2013
Análisis de Gemma Galdon publicat a El País

No tiene sentido buscar alternativas a las pelotas de goma cuando el problema es que se utilizan en escenarios para los que no fueron diseñadas y en casos en los que no mejoran la seguridad

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El caso Ester Quintana,la mujer que perdió un ojo al ser golpeada en la manifestación de la huelga del 14-N por un objeto no identificado, ha dado un vuelco esta semana al imputar el juez a dos agentes de la brigada móvil de los Mossos d’Esquadra, los conocidos antidisturbios. La lesión es, según el auto judicial, “compatible” con el impacto de una bala de goma.

En relación con este mismo caso, en breve debe abrirse la comisión parlamentaria que estudiará la posibilidad de eliminar las pelotas de goma del repertorio armamentístico de la policía catalana. El Departamento de Interior, sin embargo, ya ha advertido que las cartas del debate están marcadas: en ningún caso se aceptará que los mossos tengan que renunciar a las pelotas de goma sin que se autorice el uso de alternativas. Hay ya dos posibilidades sobre la mesa: gases lacrimógenos o tanques de agua a presión.

Limitar las posibilidades del debate antes de que empiece no es baladí. Centrando la discusión en el proyectil y las alternativas se consigue dejar en segundo plano el necesario debate sobre cómo abordar el orden público en democracia, cómo desescalar las situaciones de conflicto y cómo proteger de forma adecuada los derechos que colisionan en el espacio público.

Porque el problema del caso Ester Quintana no son las balas de goma, sino el uso desproporcionado e inadecuado que de ellas hacen los antidisturbios. Lo que requiere alternativas no es el repertorio de armas de los mossos, sino el diseño táctico de las intervenciones policiales y el ajuste del repertorio armamentístico al riesgo real y sus características.

Las pelotas de goma son proyectiles diseñados para la dispersión de grandes masas de personas que suponen un riesgo para la seguridad ciudadana. Las balas de goma, igual que los gases lacrimógenos y los tanques de agua, pueden ser una herramienta adecuada en los casos en los que una multitud descontrolada intente asaltar un edificio o un dispositivo policial, por ejemplo. Que un arma de este tipo se utilice en manifestaciones pacíficas en las que no se producen incidentes, o estos están protagonizados por solo unos individuos concretos, y no por la masa en general, desafía todos los principios de la gestión del orden público y la proporcionalidad. ¿Qué sentido tiene buscar alternativas a las pelotas de goma cuando el problema es que estas se utilizan en escenarios para los que no fueron diseñadas y en casos en los que no contribuyen a mejorar la seguridad, sino a escalar la confrontación? Si alguien mata moscas a cañonazos, ¿el problema es la munición del cañón?

En Reino Unido, por ejemplo, en agosto de 2011 la policía estuvo a punto de utilizar pelotas de goma para atajar las revueltas que llevaron al incendio y saqueo de cientos de tiendas y edificios en diferentes ciudades del país. A pesar de contar con la autorización para ello, los mandos de la policía decidieron no utilizarlas. En algunos municipios, los jefes policiales declararon que consideraron que su uso era inútil en un escenario de actuación de pequeños grupos descontrolados, y que podían empeorar la situación.

Adecuar el despliegue táctico al diagnóstico del problema que se quiere atajar es la clave de la actuación policial. Y buscar soluciones a problemas reales y definidos es la clave del diseño de buenas políticas públicas. La comisión parlamentaria nos brinda la posibilidad de debatir de verdad qué orden público queremos y para qué sociedad. Dedicar ese espacio a hablar de si sustituimos las balas de goma por gases lacrimógenos o tanques de agua es, nunca mejor dicho, una pobre alternativa.

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