'Preokupación' ciudadana PDF  | Imprimir |  E-mail
diumenge, 10 juliol de 2005
Crece en barcelona la indignación de los vecinos por las molestias que causan los okupas incívicos

La 'okupación' ilegal y molesta convierte Gràcia en su mayor feudo

El movimiento, que surgió como desobediencia civil no violenta, es ahora un problema real en la calle

Bajo el paraguas del movimiento okupa se cobijan individuos que perturban la convivencia

LA VANGUARDIA
BARCELONA. REDACCIÓN

La okupación surgió como una práctica de desobediencia civil no violenta y directamente vinculada con el ejercicio del derecho a la vivienda. En la ciudad de Barcelona irrumpió con mucha fuerza hace un par de décadas y, enseguida, su apuesta antisistema fue saludada con simpatía por una buena parte de la población y tolerada, incluso alentada, por la izquierda institucional. No obstante, en los últimos tiempos, bajo el paraguas de un movimiento muy heterogéneo en el que tienen cabida grupos de las más diversas tendencias ideológicas -independentistas, antinacionalistas, anarcos...-, se han cobijado individuos que hacen del incivismo bandera y que perturban la normal convivencia ciudadana. Provocan ruido, ensucian, ponen en peligro su propia seguridad y la de los demás y, en algunos casos, insultan, amenazan y atemorizan a unos vecinos que asisten, la mayoría de las veces impotentes, a espectáculos que como mínimo pueden calificarse de lamentables.

"Los fines de semana, la calle Anglí es una calle okupada". La queja expresada por una vecina de la parte alta de la ciudad se oye en diversos barrios de la ciudad, en los que la presencia de grandes caserones deshabitados ha sido aprovechada por grupos de jóvenes y no tan jóvenes, nativos, extranjeros y apátridas, para montar fiestas sonadas que casi siempre acaban trasladándose al exterior y dejando un manto de porquería sobre el asfalto.

El origen de este malestar que va extendiéndose por la ciudad no está tanto en la okupación tradicional, ligada a la necesidad de vivienda y que suele arraigar en el barrio y en su tejido asociativo, sino en un sucedáneo de okupación marginal a la que se han alistado elementos que no aportan ningún valor añadido a la sociedad alternativa a la que dicen aspirar. "Tenemos un problema", admite sin ambages un destacado miembro del equipo de gobierno del Ayuntamiento de Barcelona.

Más difícil les resulta a los responsables de los distritos que padecen la presencia en su territorio de okupas molestos admitir la existencia del conflicto. Algo parecido sucede con los vecinos damnificados por las andanzas de estos incívicos; sus numerosas quejas rara vez se convierten en denuncias formales, ya sea por miedo a las represalias -de ahí su deseo de mantenerse en el anonimato- o por un sentimiento de impotencia ante el escaso éxito y la lenta respuesta que suelen encontrar sus demandas.

Si en algún lugar las casas y locales ocupados forman parte del paisaje urbano es en la ex Vila de Gràcia. Pancartas y letreros libertarios y antisistema cuelgan de los balcones e identifican estos enclaves okupas con llamativos, y en ocasiones aterradores, nombres: La Fera (calle Santa Àgata), La Kampanilla (Bruniquer), La Muerte (Congost), Los Blokes Fantasmas (Coll del Portell)... Hace unos meses, a petición del consejero de CiU Víctor Cullell, el distrito que dirige el concejal republicano Ricard Martínez facilitaba una relación de una veintena casas okupadas en Gràcia (otros censos registran más de cuarenta). En la respuesta se especificaban aquellas kasas que "generan molestias": Ateneu Popular de Vallcarca (calle Bolívar), Bar La Muerte (Congost); Escorial 25-27; Manantial la Niña (avenida Hospital Militar); Casal Popular de la plaza del Nord; Casal Popular de de Gràcia (Ros de Olano) y La Fera (Santa Àgata). Con posterioridad a la elaboración de este censo, algunos de estos centros de okupación,como El Manantial,situado justo debajo del viaducto de Vallcarca, o el edificio de la calle Escorial, fueron desalojados, pacíficamente o a la fuerza, aunque el inventario de casas okupadas se ha renovado con la incorporación a la lista de nuevos inmuebles, como el ubicado en Pere Serafí/Travessera de Gràcia, que ya ha provocado las primeras quejas.

Carles Agustí, también consejero de distrito en representación de CiU, reconoce que, efectivamente, en los dos últimos años se observa en Gràcia un incremento de la presencia de okupas violentos en detrimento de los que históricamente se habían afincado en este barrio sin crear excesivos problemas.

Los problemas que genera esta nueva okupación se manifiestan con especial violencia con ocasión de los desalojos policiales. Algunos se han saldado con enfrentamientos físicos con la policía y casi todos los intentos de evacuación comportan, inevitablemente, pintadas y destrozos en el mobiliario urbano. No es de extrañar que, por ejemplo, los vecinos del conflictivo local denominado La Fera,afectado por una operación urbanística que incluye la construcción de viviendas, un aparcamiento subterráneo y una zona verde de uso público, muestren sentimientos contrapuestos ante el inminente desalojo del edificio de la calle Santa Àgata. Por un lado ansían que la evacuación de La Fera ponga fin a su pesadilla, pero, por el otro, ya temen las consecuencias de una posible batalla campal el día en que se produzca la evacuación.

Estar cerca de un local o unas viviendas okupadas obliga a adaptarse. Es lo que les sucede a los comercios señalados por las reivindicaciones okupas, como las oficinas inmobiliarias de Gràcia, que han tenido que reforzar la protección de sus escaparates. Empleados de estas empresas soportan repetidamente las burlas e insultos de los okupas.


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